Blogia
campestre

Breve historia de lunes

Breve historia de lunes

Aquel domingo el sol brillaba en el cielo azul. Me levanté despejado y no cansado como días pasados. No parecía ser el fin de la semana sino que la vida comenzase ese mismo amanecer. Desayuné de los frutos de la tierra como últimamente gusto de hacer: naranja, dátiles, nueces con miel, manzana, enfin, fresca energía en bonitos envoltorios de colores. Y pronto sentí algo en mi interior... mi corazón clamaba con fuerza... su deseo era... sentirse libre; percibir la brisa en el rostro, correr montaña arriba, montaña abajo, escuchar los pájaros, tumbarme al sol y arroparme en el frescor de algún rocío aún virgen en un escondido rincón. Sonreí levemente como si ya estuviera allí. Cogí mi máquina, esa cosa sobre ruedas que tantos de mis congéneres adoran y miman. Sé que ellos no me creen cuando les digo que algún día no habrá asfalto y esas máquinas tendrán a  la herrumbre y el óxido como único dueño.                                                                                                                                          Puse música, cómo no, pues es uno de los colores de mi vida, y así entre toboganes de melodía y burbujas llenas de acordes, llegué a mi ansiado destino.                  

      *                      *                      *                      *           

 Me fascinan los coleópteros. Son tantos y tan distintos. Algunos de preciosos colores, que no verás en ningún otro sitio que en el costado de un simple escarabajo, azules casi metalizados o dorados, pequeños y largos, gordos y rechonchos, son tantos!            Por ahora no me interesa estudiarlos. Disfruto observándolos, cómo van de aquí para allá, subiendo a los hierbajos, retrocediendo, avanzando, palpando con sus inquietas antenas. Oh! Me gustaría ser escarabajo por un día para ver como ven ellos el mundo, escarabajo, sí, pero pensando.            Me doy la vuelta. Estoy acostado con las manos detrás de la nuca, mordisqueando una hierbecilla, con un sombrero de paja. Dejo el mundo de lo pequeño y ahora miro al vasto firmamento y ¿qué veo? Oh! las nubes blancas...mis añoradas nubes de algodón...            Al rato se hizo una comunión entre sus formas y mi imaginación, y encandilado por ese sortilegio de belleza, por momentos dejé de existir, o existí profundamente, me sentí...VIVO. Se me abrieron los ojos a mi armonía interna, mi propia belleza y miré a lo alto y dí gracias a Dios por todo ello. Seguí absorto en mis pensamientos, quizás sólo contemplaba el mudo transcurrir de las nubes...hasta que de repente, un diente de león que volaba sobre mí me hizo recordar todo lo demás...los sonidos...de los pájaros, de la danza de los árboles y el viento, un arroyo lejano...            y todo lo demás, el casi imperceptible irse del sol, la tímida luna recostada en la montaña, la brisa...el maldito ruido de una moto en la lejanía que me hizo recordar en que mundo estoy...            y todo lo demás ...el coche que me espera para llevarme de vuelta a aquel infierno de gris y cemento, al monótono trabajo de cada día..            el trabajo. En el que ahora estoy escribiendo estas letras. Por un momento imaginé, me fuí a ese soñado paraíso... Me consuela saber que este domingo u otro iré, me fugaré al campo de verdad y no en sueños, y, viviré.

0 comentarios